Grupos de reflexión: un espacio para el cambio compartido


 

Eso es el aprendizaje. Usted entiende algo de repente y entiende toda su vida pero de una forma nueva. (Doris Lessing)

¿Cuántas personas viven cada día múltiples malestares debido a situaciones o relaciones laborales difíciles? ¿Cuántas personas querrían finalizar relaciones amorosas no gratificantes pero vuelven una y otra vez al mismo lugar? ¿Cuántas personas se quedan atrapadas en la angustia de rupturas o pérdidas no deseadas?  ¿Cuántas veces las relaciones familiares nos producen dolor y no damos con la clave para salir de dinámicas estériles aún deseándolo?

Los grupos de reflexión, son espacios de ayuda para compartir malestares internos, repensar sobre los modos de enfrentarlos y explorar soluciones y respuestas diferentes de afrontamiento, en un marco de interacción grupal para la colaboración y cooperación mutuas.

Y ese proceso no tiene por ser “doloroso” aunque nos duela en el momento ver “eso” que en ocasiones negamos por distintos motivos. Ir descubriendo las claves que nos anclan en situaciones desgastantes, es el primer paso para comenzar a salir de ahí, lo que siempre resulta liberador y eso es motivo de alegría porque nos aporta bienestar y sentimiento de poder hacer cambios.

La interacción que se da en un espacio grupal bien dinamizado, genera una energía positiva para los cambios individuales y colectivos. La suma de miradas que aporta el grupo sobre la forma de percibir una situación determinada, nos aporta perspectiva y apertura en nuestros esquemas mentales y también emocionales.

Vivir esta experiencia con otras personas con las que no nos ata ningún condicionamiento previo y dentro de un espacio seguro y confiable donde mostrarnos y expresar sin temor a enjuiciamientos, nos libera y ayuda muy positivamente a transitar hacia esos cambios deseados. También, a disfrutar en el proceso al compartir emociones, temores, soluciones, risas y disfrute por momentos. O lo que es lo mismo: compartir la vida para poder vivirla con mayor plenitud.

Os invito a probar ¿qué podéis perder? Siempre tendréis la libertad de elegir estar o salir. ¿Os animáis?

Os dejo un link a la información detallada: grupos de reflexión

Taller “Malabaristas de la Vida”


En el taller intensivo de Coaching “Malabaristas de la Vida”,  encontrarás un espacio dinámico y práctico donde repensar nuevas formas de gestionar tu tiempo, focalizando lo importante, reconociendo tus recursos, identificando las dinámicas ineficaces a modificar y entrenando nuevas habilidades que te impulsen  hacia un mayor equilibrio y bienestar.


¿A quién va dirigido?

A mujeres profesionales por cuenta ajena, autónomas y/o freelance, con interés en mejorar su gestión del tiempo, la toma de decisiones y la planificación del trabajo en equilibrio con la vida personal, social y/o familiar.

¿Por qué este taller de Coaching?

El peso de la mochila vital

La vida de una profesional independiente o autónoma no es un camino de rosas, aunque sí puede ser una opción laboral gratificante y rentable. Para ello, resulta necesario detectar a tiempo los escollos a superar y poner en marcha las estrategias ajustadas en los momentos precisos para que el trabajo no suponga una fuente de estrés que condicione el bienestar personal en el día a día.

Muchos de los escollos, incluyen también, las sobrecargas de trabajo asumidas “unilateralmente” por no pocas mujeres como consecuencia de los roles de géimagesCAXQ2KE6nero que nos asignan las responsabilidades familiares y de cuidado vincular. ¡Ímproba tarea¡

En el intento de dar respuestas a “todo” y a todos, podemos confundir los límites que separan lo posible, de la fantasía ilusoria de “poder con todo”. Estos procesos generan desgaste y sentimientos de impotencia, agotamiento o frustración.

Algunos proyectos de emprendimiento “fracasan”, o renunciamos a un mayor desarrollo profesional, no por incapacidad o falta de inquietud, sino por el desgaste personal que conlleva esa sobrecarga física y emocional.

La gestión del tiempo ha de incluir un tiempo para pensar, para dedicarse a una misma, así lograremos muchos más objetivos con menor coste de energía. Por ello resulta necesario encontrar espacios donde parar, repensar, contrastar y compartir otras “miradas” que pongan luz en las zonas que generan malestar.

¿Qué queremos conseguir?

Impulsar cambios positivos en el modo de hacer, pensar o gestionar vuestros proyectos, aportando herramientas efectivas para operativizar el tiempo atendiendo a lo importante que no siempre coincide con lo que a una le parece necesario e incuestionable.

¿Cómo lo vamos a hacer?

De manera práctica, dinámica y participativa. La metodología de coaching grupal produce resultados sorprendentes de forma inmediata. El pensar en grupo genera movimientos significativos en lo individual en interacción creativa con las otras, al tiempo, que promueve sinergias de cooperación productiva y redes de apoyo mutuo entre mujeres profesionales.

¿Sobre qué aspectos vamos a incidir?

Vamos a dar respuesta a estos interrogantes y a las inquietudes que vayan surgiendo:

¿Te cuesta desconectar del modo trabajo?

¿Te sientes estresada ante la multiplicidad de roles a asumir, profesional, madre, hija, compañera afectiva?

¿Te ocupas o te preocupas?

¿Delegas diferenciando tareas y responsabilidades?

¿Tiendes a asumir más de lo que puedes gestionar?

¿Sientes que debes “poder con todo”? ¿Y qué resultados obtienes?

¿Diferencias entre hacer bien el trabajo o hacerlo perfecto?

¿Reconoces tus ladrones del tiempo?

¿Cómo negocias con la autoexigencia?

¿Te resulta complicado poner límites de forma asertiva?

Tú gestión del tiempo, ¿te incluye a ti?

Si te sientes identificada con estas cuestiones, ¡Vamos a trabajar juntas¡


Duración del taller: 10 horas distribuidas en dos jornadas de trabajo: viernes de 17:00 h a 20:00h y sábado de 10:00h a 14:00h y de 15:30 h a 18:30 h.

Fechas: viernes 3 de febrero y sábado 4 de febrero de 2017.

Lugar: Madrid centro, acceso Metro Menéndez Pelayo, Atocha Renfe y Pacífico.

Coste: 125€ asistente

*Grupos reducidos, máximo 10 asistentes.

Para reservar tu plaza envía un correo a: enpiezascoaching@gmail.com.

 

CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA III.

Minientrada


CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA III.

Esta semana vamos a continuar analizando otros derechos básicos para el empoderamiento personal. Como siempre, iré planteando algunas reflexiones para vuestro trabajo personal y, si os parece necesario, podéis pararos a repensar sobre ello.

Os dejo un enlace a anteriores post sobre este tema CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA II.

Hoy analizaremos otros dos “derechos básicos”:

  • A equivocarse, cambiar de opinión o de forma de hacer las cosas.
  • A ser humana y no perfecta.

EMPDERAMIENTO

Equivocarnos o cambiar de opinión, de forma de hacer las cosas.

Cambiar de opinión es síntoma de reflexión, flexibilidad y apertura. Otra cosa es vacilar de continuo para tomar decisiones o ir haciendo las cosas a golpe de impulso, –en este caso deberemos tomar conciencia de nuestra autogestión emocional-.

Equivocarse forma parte de la vida, si no arriesgamos no avanzamos y, en el proceso, además, aprendemos.

Cuando cometemos errores, más que dejarnos arrastrar por la culpa o hacernos “pequeñitas” ante las recriminaciones propias y ajenas, resulta más efectivo y saludable, pararnos a comprender las motivaciones que nos llevaron a ese error. Sólo así podremos entender qué guió nuestra decisión y  evitar repetir lo mismo en el presente o futuro.

La rigidez, por otro lado, no es garantía de seguridad o firmeza. En ocasiones, se confunden estas actitudes y podemos caer en otro error que conlleva consecuencias  negativas: el enrocamiento. “Yo soy así, y no voy a cambiar ahora…”

Algunas reflexiones que conviene hacer: ¿Te consideras una persona flexible? ¿Te replanteas tus decisiones si los resultados no son los esperados? ¿Te resulta fácil aceptar otros puntos de vista distintos a los tuyos? ¿Justificas tus cambios de opinión o los argumentas? ¿Analizas tus errores  para tratar de entender qué debes modificar?

Algunas pautas para avanzar:

  • Compara tu autoevaluación con las opiniones de terceras personas que te generen confiabilidad en sus juicios. ¿Cómo valoran tus cambios de decisión?
  • Comparte tus temores –no los guardes internamente, se magnifican- ; eso sí, eligiendo bien a las personas fiables y confiables.

tus planes

Tenemos el derecho de cambiar de opinión en un momento determinado porque estamos vivas, no porque seamos indecisas o inseguras. Si la vida es dinámica y los y las humanas estamos en continuo proceso de transformación y cambio: ¿No es lógico que nos planteemos cambios en el afuera en coherencia con nuestros cambios internos? ¿No es entendible que cambiemos de opinión y/o criterio tras un proceso de crecimiento o transformación personal? ¿Quién puede aseverar que eso es malo?

Ser humana, no perfecta.

La autoconfianza es el primer paso, el segundo es la aceptación. La perfección además de imposible, conlleva mucha frustración.

Las mujeres vivimos con muchas presiones que están íntimamente relacionadas con un sistema sexista que impone modos y modelos a seguir y, también, “castigos” para quienes se salen de la norma establecida.

Por ejemplo, a las mujeres se nos mira con “lupa” o nos descalifican con encono a la hora de desempeñar funciones de liderazgo en el ámbito público –político, organizacional-.

Aún se tiende a juzgar la capacitación de las mujeres en base a lo esperado desde un modelo androcéntrico de entender el poder, el prestigio y la competencia. Uno ejemplo representativo son los comentarios que recientemente expresó Félix de Azúa en relación a la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. http://elpais.com/tag/felix_de_azua/a/. Este académico y escritor ¿aceptaría que alguna mujer calificase su obra utilizando adjetivos despectivos en relación a su persona? ¿Qué pasaría?

Podría estar o no de acuerdo con la gestión de la Señora Colau, pero el tipo de críticas que vertió hacia ella, rezuman machismo por doquier… ¿Resulta justo y equitativo ser tratadas y juzgadas de forma despreciativa por ser mujeres en puestos de poder y no en relación  a los resultados concretos de nuestro trabajo? ¿Suelen utilizar estos calificativos relacionados con el hecho de ser “hombres” cuando se juzga la competencia o incompetencia de los hombres profesionales? ¿Resulta entendible entonces, que nos acucie más el sentimiento de inseguridad a nosotras?

Por otro lado, las mujeres también nos vemos “expuestas” al juicio social –y del entorno próximo-, cuando no respondemos al modelo de “ser mujer” prefijado desde los roles y estereotipos de género. Muchas clientes me expresan su conflicto sentido al entrar en “colisión” su desarrollo de carrera profesional y el sentimiento de culpa al pensar que “abandonan” otras responsabilidades hacia el entorno familiar y/o afectivo. Tratar de compensar lo “incompensable” a costa de un sobreesfuerzo personal, además de imposible e inhumano, es una estrategia que sólo conllevará pérdidas.

Los mandatos de género se interiorizan con eficacia y marcan la pauta tiránica para intentar dar respuesta “a todo” de manera “excepcional”: hay que ser profesional exitosa, madre ejemplar, compañera afectiva sostenedora, hija incondicional…

Si las jornadas laborales están pensadas desde un modelo de cultura organizacional que prima la presencia sobre la efectividad, no se resolverá este desajuste desde la compensación personal de las mujeres, sino desde una nueva reorganización de los tiempos de trabajo que haga compatible la actividad laboral con la vida.

Si la responsabilidad sobre el cuidado de la vida, sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, no habrá tiempo ni forma posible de dar respuesta a todo.

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La sobreexigencia genera agotamiento y el sobreesfuerzo de intentar poder con todo, conlleva riesgos importantes para la salud y es una de las casusas directas que generan ansiedad y estrés. Tenemos energías limitadas, de ahí que conviene establecer un orden de prioridades en base a la importancia que para cada quien tengan los distintos objetivos profesionales, familiares y personales. Organizarse y priorizar sí, pero confundir la capacidad con la sobreexigencia, no es el camino acertado.

Alguna pauta para calmar a la sobreexigencia:

Más que juzgar, obsérvate. Valora tus cualidades y no dejes que la balanza se incline hacia lo que menos te gusta de ti.

¿Tiendes a caer en la inercia de pensar que tienes que poder con todo? ¿Vives con una jueza interna que te dice de continuo todo lo que deberías hacer y no estás haciendo? ¿Para quién haces lo que haces? ¿Para qué haces lo que haces? ¿Qué crees que pasaría si no llegas a todo?  ¿Qué sería para ti la perfección? ¿Habitualmente haces las cosas desde el querer o desde el deber? ¿Disfrutas con tus logros o tiendes a quedarte rumiando la carencia?

Podemos caer en sentimientos de malestar y angustia por la sensación continua de “tener que hacer” sin poder pararnos a analizar:

  • ¿Qué hay que hacer?
  • ¿Depende todo de mí?
  • ¿Por qué lo debo hacer?
  • ¿Para qué lo debo hacer?
  • ¿Para quién lo debo hacer?
  • ¿Cómo lo debería hacer…?¿ Bien o perfecto?
  • ¿Cuánto debería hacer?
  • ¿De qué tiempo real dispongo?

A partir de estas preguntas, busca la manera de organizar en mayor equilibrio: la responsabilidad, el tiempo real disponible, el nivel de perfección necesario, tu tiempo de disfrute, lo importante o lo prescindible, lo que esperan de ti y lo que tú esperas.

Y también, pregúntate si lo que haces o piensas que debes hacer, responde al deber o al querer. La motivación es totalmente distinta dependiendo de un lugar u otro…

Que tengáis una semana grata, encontrando momentos para disfrutar de la vida sin que la vida se os pase por delante sin sentirla.

Carmen Barquín

CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA II.


Este post da continuidad al trabajo de reflexión que inicié la pasada semana  CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA que tiene como hilo conductor, el concepto de empoderamiento y las claves y  derechos básicos, o principios “guía”, que deberemos incorporar en nuestra subjetividad para ejercer el empoderamiento en nuestra vida personal y profesional.

Tras analizar anteriormente, dos de los 16 derechos básicos, vamos a profundizar hoy, en otros aspectos a tener en cuenta en todo proceso de empoderamiento:

  • Cómo ir desarrollando seguridad.
  • Lo que implica amar y ser amada.
  • Ser tratada con respecto y dignidad.

Tener seguridad.  Eso no significa que no tengamos momentos de inseguridad, sino que éste, no sea un estado habitual. Hay factores externos que condicionan nuestra seguridad y sería temerario sentirse bien, por ejemplo, en medio de una guerra.

Si les preguntásemos a los miles de refugiados/as que salen de su país en busca de oportunidades para sobrevivir, sobre lo que les haría sentir seguros, probablemente coincidirían en que les serviría de entrada, contar con un lugar de “pertenencia” donde poder asentarse, un espacio material donde vivir y poder criar a sus hijas e hijos y la posibilidad de encontrar algún trabajo para ir sosteniendo lo básico.

Resolver previamente estas necesidades básicas, les aportaría una base central donde sostenerse y desde donde impulsar nuevas acciones para cubrir progresivamente otras necesidades que irían emergiendo. Se sentirían más seguros/as para ir afrontando nuevos dilemas, una vez que la supervivencia está asegurada.

Ahora bien, si nos adentramos en una dimensión más subjetiva del “sentirse seguras”, podemos ir viendo otros factores que nos acercan o alejan de esta percepción.

el poder en tiHay factores que tienen que ver como la propia historia personal;  si a lo largo de la vida contamos con entornos afectivos positivos, donde nos estimularon a superar retos y nos apoyaron en momentos de duda, si nos ofrecieron oportunidades educativas, si nos sentimos acogidas y valoradas en momentos  de duda o temor,  es más que probable que la autoestima haya encontrado el abono necesario para desarrollarse y crecer robusta.

Por el contrario, si crecimos en entornos familiares sobreprotectores o ausentes de límites, refuerzos y afectos, nuestra autoestima, se habrá resentido y ello afectará negativamente en nuestro autoconcepto y autovaloración.

¿Qué te ayuda a sentirte segura? ¿Qué te aporta seguridad? ¿Cómo te percibes desde el lugar de la seguridad? ¿Qué decisiones tomas desde el lugar de la seguridad? ¿Qué consigues? ¿Quiénes te aportan seguridad? ¿Qué o quiénes te quitan seguridad? ¿Qué decisiones sueles tomar desde la inseguridad? ¿Qué consecuencias tiene eso para tú seguridad? ¿Qué te hacer reconectar o recuperar la sensación de seguridad?

Las mujeres somos más tendentes a vivir determinadas dudas con demasiada frecuencia:

  • Manifestar dudas sobre nuestras habilidades y competencia con mucha frecuencia.
  • Minimizar nuestro valor intelectual y las ambiciones, haciendo lo posibles para ocultar nuestras habilidades -evitar ocupar el espacio de protagonista-.
  • Tendencia a ver los éxitos como producto de la casualidad y no como consecuencia de competencia.
  • Cuando hablamos de nuestros sentimientos de inadecuación, lo hacemos habitualmente en el contexto de lo deficiente que nos sentimos… (soy un desastre…)

Es importante, no confundir lo que pensamos sobre nosotras mismas con lo que realmente somos y con el potencial a nuestro alcance para seguir mejorando y creciendo día a día. Lo primero, no deja de ser un pensamiento, lo segundo, es una posibilidad real.

Muchas veces, nos inseguriza pensar que no vamos a ser capaces de lograr algo y nos quedamos “paralizadas”. En esos momentos, conviene pararse, tomar cierta perspectiva y realizar una análisis objetivo de la situación. Observar y tomar conciencia de los recursos a nuestro alcance e interrogarse: ¿Cómo superé en el pasado otros retos? ¿Qué lo hizo posible? ¿Con qué recursos cuento? ¿Qué necesitaría ahora? ¿Cómo lo podría conseguir?

Algunas claves que ayudan:

  • Acepta las felicitaciones y los elogios; piensa bien su significado y sentido antes de tirarlas a la “papelera mental”: “Si supieran que yo…”
  • No te encojas. Cuando tengas la oportunidad, aprovéchala y muéstrate.

Y para momentos de inseguridad paralizante, ayuda poner en práctica esta técnica: ¿Recuerdas alguna persona o algún lugar, de ahora o de tu infancia, que asocies con un estado de seguridad? Vuelve a recordar y conectar con el recuerdo,  deja que esa sensación te envuelva, siéntela en tu cuerpo y recupérala cuando la inseguridad de atenace. El cuerpo tiene memoria poderosa.


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Amar y ser amada. Quién bien te quiere no debería hacerte llorar, al menos, no como justificación para que te des cuenta de que te hace eso o lo otro por tu bien –aunque te dañe-. ¿Cuántas veces confundimos los señalamientos o las sugerencias, con críticas despiadadas? ¿Cuántas veces se justifica el maltrato como una prueba de amor? –“lo hago porque te quiero mucho”-. ¿En cuántas ocasiones “castigamos” a quien decimos amar, o somos castigadas, como consecuencia del re-sentimiento acumulado ante la incapacidad de no haber sabido poner límites en el momento oportuno? ¿Cuántas veces hacemos lo “imposible” para que nos quieran?

Querer y amar no es incompatible con quererse y hacer acopio de amor propio. Entendiendo, esto último, como capacidad de autocuidado y auto-respeto. Que no nos quieran, no implica que no seamos merecedoras de ser amadas, sólo que no siempre nos elige la persona que nos gustaría.

¿Qué es lo que más quieres de ti misma? ¿Cómo te demuestras que te quieres y respetas? ¿Quién es la persona más importante de tu vida? ¿Estableces vínculos afectivos donde se negocien por igual las necesidades, demandas y deseos de ambas partes? ¿Diferencias el amor de la autorrenuncia? ¿Cómo son tus relaciones amorosas? ¿Qué espacio ocupa en tu vida la persona que amas? ¿Llena toda tu vida?

Si es así, deberás replantearte tu forma de amar porque si alguien “ocupa” toda nuestra vida, no nos quedará espacio para nosotras mismas ni para acoger a otras personas o vínculos gratificantes…

La incondicionalidad es un lugar de alto riesgo y nada tiene que ver con el amor y sí con el sometimiento revestido de “falso” amor. Implica no poner condiciones a otras u otros y estar dispuestas a hacer todo lo que sea, para dar respuesta a eso que nos demandan, aunque no coincida con lo que una desee o quiera.

“Lo doy todo por amor” o “Me entrego en cuerpo y alma”,  son afirmaciones que están muy incorporadas en el imaginario  que se nutre del mito del amor romántico, aunque el amor real, nada tenga que ver con las historias que nos contaron,  y el final feliz, a veces, se pueda convertir en pesadilla… -Salvo en las películas edulcoradas “Made in Hollywood”-.

¿Qué renuncias haces por amor? ¿Qué esperas a cambio? ¿Consigues lo que esperas? ¿Qué logras si no consigues lo que esperas? ¿Cómo te sientes? ¿Qué precio estás dispuesta a pagar a cambio de ser querida y aceptada?

Ser tratada con respeto y dignidad. Unido al punto anterior, está el sentido de auto-respeto y la manera en que consideras que debes ser tratada con dignidad y respeto.

No se debe caer en la confusión de aceptar que nos tratan mal porque nos lo merecemos. Nadie se merece ser maltratada. Otra cosa distinta es alejarse de las personas que nos hieren o dañan y poner los límites precisos. Justificar un maltrato como respuesta a la frustración o dolor que podamos generar, consciente o inconscientemente, no es la solución en ningún caso  y no debería confundirnos a la hora de comprender lo que está en juego en el fondo de la cuestión: un mal trato injustificable.

Siempre tenemos el poder de decidir con quién estar y hasta dónde tolerar. Otra cosa distinta, es el desgaste y “erosión” psicológica que genera mantener relaciones tóxicas prolongadas en el tiempo; en esos casos, se puede perder temporalmente la capacidad para tomar decisiones y buscar salidas, no por falta de poder, sino como consecuencia del daño emocional y psicológico que entraña la violencia, ya sea en el ámbito laboral -como el acoso sexual o el acosos moral-, ya sea dentro de las relaciones afectivas de pareja.

En esos casos, conviene pedir ayuda y orientación especializada para ir dando pasos hasta encontrar las salidas y los modos de ir recuperando el control sobre la vida…

¿Cómo te tratas a ti misma? ¿Cómo te demuestras respeto? ¿Cómo te cuidas? ¿Cómo son tus relaciones? ¿Das más de lo que recibes? ¿Pides abiertamente lo que necesitas? ¿Te cuesta pedir ayuda? ¿Te resulta fácil o difícil poner límites?

No resulta fácil que las y los demás nos respeten si previamente no nos respetamos a nosotras mismas.

La próxima semana más, hasta entonces, os deseo muchos momentos de plenitud y amor propio.

Carmen Barquín