¿Te cuesta negociar?


Quizá debas negociar contigo misma como punto de partida…

Resulta difícil negociar con otros/as, si previamente no tenemos claros los objetivos de la negociación y los márgenes de renuncia que estamos dispuestas a asumir, a cambio de lograr eso que deseamos conseguir en un momento determinado.


niña interior

A las mujeres, en general, nos resulta más “violento” negociar abiertamente para conseguir lo que consideremos legítimo, no por falta de capacidad o habilidades, sino por falta de entrenamiento. Y también, debido a las confusiones que operan internamente a través de los mandatos de género que nos pueden generar culpa cuando apostamos por legitimar nuestros derechos.

Y cuando digo que nos puede resultar “violento”, no me refiero a negociar utilizando métodos que puedan resultar “agresivos”, sino a colocarnos en un plano de igualdad en el espacio de las negociaciones como mujeres adultas, ni como hombres, ni como niñas.

Como mujeres con capacidad para discernir lo que quieren o no quieren y con la seguridad de contar con el legítimo derecho a defenderlo. Luego se conseguirá o no, eso es otra cosa…

Uno de los mandatos de género centrales para las mujeres es la condescendencia, o mejor dicho, el sometimiento de los propios intereses, como prueba de cariño hacia quienes nos piden algo que no encaja del todo con lo que una quiere. Legitimar lo que queremos y sentirnos con derecho a defenderlo, es una tarea que implica transgredir aprendizajes naturalizados y muy interiorizados.

Este tema sale recurrentemente en las sesiones de coaching que llevo a cabo con mujeres de distintos perfiles y condición: “Me siento súper culpable cuando…” “¿Qué pensará si…”

Desde una perspectiva de género, se entiende que nos resulte complejo transgredir este mandato de “incondicionalidad” como fórmula aprendida de evitación y como estrategia tranquilizadora que podemos confundir con flexibilidad… Total, ¿no es bueno ser flexible? Flexible sí, sumisa, es otra cosa...

Por ello, resulta necesario pararnos a pensar antes de iniciar negociaciones en cualquier ámbito de la vida, el lugar interno desde el que nos colocamos en esa negociación: ¿Me siento con el derecho a negociar esto? ¿Qué supondría para mí lograr lo que quiero o renunciar a ello por temor? ¿Qué equilibrio o desequilibrio hay en la posición de poder entre las partes?

Así que os dejo una pequeña fórmula que ayuda:

Paso a paso: primero analizo lo que quiero, luego identifico el para qué ¿qué cambiará para mi si lo consigo?, identifico el lugar interno en el que me coloco –temor, inseguridad-, analizo los recursos disponibles y la posición en la que estoy situada en ese contexto concreto y con esa persona determinada ¿Hay mucha disparidad de poder?

A partir de las respuestas que vamos obteniendo, podemos ir desarrollando las estrategias adecuadas para reforzar nuestro poder interno y equilibrar nuestra posición externa en el marco de esa negociación.

Lo que no conviene, en cualquier caso, es renunciar a lo que nos conviene por temor revestido de sumisión y pensar que los demás van a entender lo que necesitamos, sin defenderlo o explicitarlo abiertamente.

Buen domingo.

LIDERAZGO Y MUJERES ¿Masculinizarse para el éxito?


Aún hoy, surgen bastantes confusiones entre igualdad y diferencia. Si las mujeres somos diferentes a los hombres y diferentes entre nosotras mismas, cuando hablamos de la importancia de contar con referentes de mujeres líderes como “modelos” para las que vienen detrás, no  queremos decir que existe una “esencia femenina” en el modo de ser líder, ya que no todas somos iguales; ni tampoco pensar que debamos “masculinizarnos” para el éxito, significa que la diversidad de género debería ponerse en valor, primero porque no existe un liderazgo universal y, luego,  porque las mujeres aportan diversas miradas y modos de estar en la vida, de gestionar equipos y de ejercer el liderazgo, no tanto por factores biológicos como por aprendizajes de socialización,  y esos matices diferenciales, aportan riqueza a las organizaciones.


Esta semana acudí a varios eventos organizados desde la plataforma Womantalent, Red de mujeres empresarias, emprendedoras y líderes, dirigida con criterio, inteligencia y acierto por Beatriz Recio.

mujer prof 2

Presentación resultados de la Guía Avances de la Mujer Profesional.

En primer lugar, estuve IE Business School el pasado 23 de marzo, con ocasión de la presentación de los resultados y claves principales de la “Guía Para el Avance de la Mujer Profesional” elaborada por Womantalent, –se recogen entrevistas a más de 50 mujeres líderes donde analizan las barreras de género que enfrentaron y las estrategias que llevaron a cabo para superarlas-,  y tuve ocasión de escuchar distintos puntos de vista de mujeres profesionales y líderes sobre cuestiones relacionadas con liderazgo, género, desigualdad…

Y ayer, impartí una charla coloquio en colaboración con Womantalent, orientada a mujeres interesadas en repensar sobre la idea de éxito en la vida de las mujeres, en base, no sólo a los logros profesionales, sino también, en función de lo que vamos sintiendo con lo que somos y hacemos en las distintas parcelas de la vida.

Quiero exponer aquí algunas de las reflexiones que me surgen desde lo oído en estas jornadas, desde lo hablado ayer, desde lo conocido en mi trayectoria profesional como coach especialista en género y también, desde lo compartido en debates con tantas mujeres profesionales, directivas, feministas, jóvenes, mayores, empoderadas y más vulnerables.

El hilo conductor de mi reflexión gira en torno a las resistencias y estrategias adoptadas por algunas mujeres líderes para identificar y resolver las discriminaciones indirectas que siguen operando en mayor o menor grado en las estructuras y en la prácticas del mundo empresarial, como resultado de una cultura organizacional de sesgo androcentrista.

  1. Mimetismo con el modelo de liderazgo androcéntrico.

La resistencia de una mayoría de mujeres que ocupan altos puestos de poder y decisión para identificar las barreras de género que tuvieron que superar en sus recorridos profesionales, y el poso que dejó en su aprendizaje la soledad en la que tuvieron que gestionar los conflictos derivados y sentidos, aunque no siempre identificados, a lo largo de sus procesos de ascenso, puede generar respuestas y estrategias adaptativas de mimetismo al modelo imperante.

Por ello, muchas veces nos encontramos con mujeres que hablan, piensan y dictaminan lo que debe ser o no el liderazgo, desde posicionamientos tradicionalmente masculinos. Entiéndase como aquellos rasgos que se asociaron al perfil directivo a través de los atributos de género que se identificaron con la masculinidad: agresividad, racionalidad, ausencia de emoción…

Entonces se produce la  siguiente paradoja: Cómo vamos a transformar las creencias y prácticas sexistas si las que consiguen ocupar posiciones de poder y toma de decisiones, pudiendo cambiar algunas reglas del juego, siguen validando y reproduciendo modelos de liderazgo que infravaloran a las mujeres que no se “travisten” de masculinidad en el ejercicio de sus liderazgos.

  1. Meritocracia individualista.

Como resultado de lo anterior, algunas mujeres líderes se colocan en posicionamientos y actitudes reactivas “culpabilizando” a las colegas que expresan malestar o sienten que no les compensa el precio que tienen que pagar al considerar que: “Si yo pude, la que no puede es por incapacidad”. A continuación suelen venir otros comentarios que reflejan la ¿rabia acumulada?: “yo tuve que sacrificar muchas cosas para estar donde estoy, incluso me costó la separación, hay que ser fuertes¡ ¿Negar el coste de las renuncias implica mayor fortaleza? No sería más acertado pensar en los motivos que subyacen debajo de unas u otras elecciones?

Desde estos análisis, solo cabe pensar que el problema es  individual, sin tener en cuenta otros múltiples factores que condicionan las oportunidades de las personas para poder llegar a desplegar su máxima potencialidad.

Estas posiciones son peligrosas porque invisibilizan lo estructural y así, difícilmente se podrán cambiar ideologías y prácticas discriminatorias que sostienen y retroalimentan la desigualdad de género. Prácticas que, en la práctica, son el motivo de fondo de las renuncias de tantas mujeres a continuar en sus carreras profesionales en condiciones no deseables y, la confusión de otras, al pensar que fortaleza y carácter, es someterse al sistema para responder según los códigos que impone.

  1. Las propias mujeres culpabilizan a las que solicitan excedencias o reducción de jornadas por maternidad.

Comentarios tipo: “las culpables muchas veces somos nosotras, hay muchas mujeres que abusan de los permisos de maternidad o excedencias, eso nos perjudica a todas”

Entonces, las mujeres que ejercen sus derechos para equilibrar en difícil cuadratura la vida personal, familiar y profesional, ¿no demuestran ambición o compromiso con sus carreras profesionales? Y, por otro lado,  aquellas que optan por dedicar un tiempo a la crianza, se sienten cuestionadas por hacerlo. Por ambos lados, las mujeres parecen enfrentarse entre ellas, unas aludiendo que las que valen pueden y las otras, justificando su derecho a vivir la maternidad por encima de la carrera profesional y defendiendo que no es por comodidad.

Cabría preguntarse  ¿Por qué lo hacen? ¿Se enfrentan a estas coyunturas los varones? ¿La dirección de empresa tiene en cuenta que las mujeres talentosas y capaces, además de profesionales competentes tienen diferencias biológicas -parir-, y padecen situaciones de desigualdad, la falta de corresponsabilidad de las empresas, del estado y de lo hombres para ocuparse de su cuota de responsanbildad en lo que concierne al cuidado de hijos e hijas.

Aquí ademas, se da también, la desigualdad económica, aquellas mujeres que cuentan con una situación económica más favorable, siempre pueden contratar a otras mujeres para atender estas tareas.

De nuevo se puede caer en una confusión peligrosa, si las mujeres en la práctica, según se desprende de las encuestas del uso del tiempo, entre otros indicadores que muestran la brecha de género, son las principales responsables de la gestión de lo doméstico y del cuidado vincular,

al recaer sobre ellas social y culturalmente esta responsabilidad, cuando no les queda otra que asumirlo, además se las tacha de ¿cómodas?

¿Cuentan las mujeres con tiempo propio, al igual que disfrutan la inmensa mayoría de varones, para dedicar todas sus energías al empleo, formación y creación de redes profesionales de contacto y promoción? ¿Este modelo permite la sostenibilidad de la vida en sus múltiples facetas?

 4. Pensar que la buena gestión del tiempo implica poder “con todo” .

En muchos foros  se escucha a las mujeres comentar su dificultad para llegar a “todo” y vivirlo más como incapacidad que como consecuencia de las múltiples responsabilidades y tareas asumidas unilateralmente, lo que evidencia una violencia social de base que limita el pleno disfrute de los derechos reconocidos por ley ya que, en la práctica, se responsabiliza a las mujeres del cuidado de la vida aunque luego se las penaliza por ello en el ámbito laboral.

¿Puede funcionar un mundo sin el otro? ¿Los padres están siempre tan ocupados en lo “importante” que no tienen tiempo de ocuparse de la logística doméstica y familiar? ¿Que ven sólo lo que hay que hacer en lo referente al mundo profesional pero se muestran “ciegos” en lo referente a las múltiples tareas y responsabilidades que conlleva la crianza y el cuidado de las personas?

Como consecuencia de este sobreesfuerzo “interiorizado” como normal, no pocas mujeres manifiestan en las sesiones de coaching sentimientos de insatisfacción, culpa, rabia, frustración, sentimiento de incapacidad y otros muchos síntomas físicos y emocionales que nos hablan de un estrés sostenido en el tiempo y de cuadros depresivos no identificados como reacción a esta desigualdad estructural.

5. Autopostergaciones y autorrenuncias que no tienen que ver con el “miedo al éxito”.

Si no más bien, con el mandato de “incondicionalidad” que nos atraviesa a la inmensa mayoría de las mujeres al confundir el amor con la incondicionalidad como valor supremo de la identidad femenina.

A lo largo de la vida, muchas mujeres van tomando decisiones que inclinan la balance a favor de las necesidades de los otros importantes, ya sean hijas/os o parejas, a costa de su propio bienestar, desarrollo personal  o carrera profesional. Las renuncias de las mujeres siempre se justifican si se hacen para el bien de la familia.

Conceptos como ambición, competitividad, no son asumidos como deseos lógicos de las mujeres sin con ello se contraviene uno de los mandatos de género más incrustados en las prácticas sociales, y también, en la propia subjetividad de las mujeres: “el sacrificio por amor como valor de lo femenino”. Es impresionante como opera la instrumentalización del cuidado hacia los otros a costa del propio autocuidado.

  1. La tendencia de las mujeres hacia la“autoexigencia”

La autoexigencia y el híper-perfeccionismo son malos compañeros de viaje en la vida de no pocas mujeres, muchas clientas así me lo reiteran, al confundir la eficiencia con la omnipotencia.

A lo largo de la socialización diferencial, las pautas de género guían y modelan nuestra identidad en base a los deberes impuestos desde los roles de género asignados. Ser buena madre, hija, compañera afectiva, a la par que ser buena profesional, resulta del todo imposible desde los códigos de género y socioeconómicos que determinan las reglas del juego del mundo público Vs. el doméstico: ambos exigen disponibilidad plena para ser aceptadas, valoradas y recompensadas.

Por ello, muchas mujeres sienten que deben demostrar mucho más que sus colegas varones porque así se lo está demandando de mil maneras desde el entorno empresarial, y, también, las propias mujeres líderes, que reproducen consciente o inconscientemente actitudes machistas y patriarcales.

¿Se entiende entonces porque tantas mujeres acaban haciendo malabarismos miles para compatibilizar ambos mundos? ¿El peso del deber impuesto e “introyectado” no tendrá que ver con el empeño de las mujeres en demostrar que pueden con todo y que lo pueden hacer bien, sin pararse demasiado a identificar los costes que supone este sobreesfuerzo para su salud y calidad de vida?

¿Buscar alternativas y estrategias de “supervivencia” en entornos hostiles implica ser las culpables de aquello que nos somete?

Concluyendo…

Las mujeres que acceden a puestos de poder y toma de decisiones ¿no deberían tomar conciencia de las propias barreras que ellas superaron y ayudar a otras mujeres a desarrollar estrategias desde prácticas de colaboración cooperativa?

¿No sería fantástico contar con mentoras capaces, competentes, estrategas, que no necesiten “travestirse” de masculinidad para demostrar su valor y capacidad de liderazgo?

Necesitamos urgentemente modelos de mujeres líderes que sirvan de espejo y reflejo a las nuevas generaciones, no por capricho de las feministas, sino por pura estadística: las mujeres somos más del 50% de la población y no es posible que siga operando un modelo universal de liderazgo androcéntrico cuando hay múltiples maneras de ejercerlo.

Y también, porque es importante poner en valor a las mujeres, visibilizarlas y otorgarles la autoridad simbólica y material que por inteligencia y justicia nos merecemos. Y para eso, las redes de cooperación entre mujeres son una vía poderosa, eso sí, desde un reflexión y análisis que incorpore la perspectiva de género.

La igualdad como valor y principio ético, no implica que para ser reconocidas, las mujeres debamos ser iguales a los hombres, sino que supone el derecho a ser reconocidas en nuestras diferencias con un mismo valor, de lo contrario se siguen produciendo jerarquías que perpetúan la desigualdad que sostiene la ideología sexista.

Carmen F. Barquín

Coach especialista en género.

 

Taller de Coaching con mujeres empresarias. AMEIB-Pachamama


 

PachamamaEl paso jueves 7 julio, impartí un taller en la Asocación AMEIB-Pachamama, con mujeres profesionales y empresarias, interesadas en reflexionar y poner en común sus experiencias como líderes de proyectos empresariales y vitales también.

Fue un encuentro enriquecedor, porque pudimos conocer y compartir, las múltiples experiencias de mujeres diversas que tienen en común su empeño en sacar adelante sus sueños, aunque, en el proceso de la vida, esos sueños cambien de forma.

Uno de los objetivos de este taller, era visibilizar las barreras sexistas que prevalecen ocultas dentro de las dinámicas asentadas en prácticas cotidianas de la cultura organizacional; normas no escritas, pero que operan como frenos, a veces invisibles, -el famoso techo de cristal- limitando el desarrollo de la carrera profesional, las promociones, el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo, etc.

Y también, analizamos los mandatos de género que operan en la propia subjetividad y que conviene desvelar para evitar caer en las trampas de la “culpa”, la hiperesigencia o el perfeccionismo extremo.

Nos faltó tiempo para profundizar y debatir en grupo sobre muchos de los matices que iban surgiendo durante el encuentro. Pero sí pudimos confirmar, una vez más, que el trabajo en red, es una vía y una estrategia eficaz para ir visibilizando y reafirmando nuevos modelos de liderazgo y de entender los negocios y la gestión de los equipos, desde los valores diversos y las competencias múltiples, que las mujeres aportamos al mundo empresarial.

En septiembre continuaremos trabajando más específicamente sobre aspectos concretos de interés común que fueron surgiendo en este primer encuentro: saber pedir y saber poner límites a las demandas no deseadas; negociar con la culpa; gestionar el tiempo desde la corresponsabilidad, habilidades de liderazgo,  etc., etc.

Este espacio crecerá y se nutrirá en la medida que los intereses se sumen para compartir aprendizajes de utilidad para la vida personal y profesional.

Gracias Ivette Barreto, presidenta de Ameib, por tu labor de mediadora activa y cómplice con el empoderamiento de las mujeres.

Buen verano para todas.

Carmen Barquín

 

 

 

 

“Mujeres Profesionales del Siglo XXI: Dilemas y Estrategias.


TALLER

“Mujeres Profesionales del Siglo XXI: Dilemas y Estrategias.

 

¿Eres una profesional con funciones de responsabilidad?

¿Te interesa participar en un espacio compartido para reflexionar sobre los retos y las estrategias que aún debemos enfrentar las mujeres en puestos de  liderazgo?

 imagesCACQBDNJ


¿A quién le puede interesar? Este taller de Coaching va dirigido prioritariamente a mujeres que ejercen roles ejecutivos y/o directivos, con puestos de responsabilidad, coordinadoras de equipo, jefas de proyecto…


¿Qué te proponemos?

Un espacio para la formación, el autocuidado y la reflexión productiva entre mujeres.

¿Cuándo nos vemos?

EL próximo jueves 7 de julio nos encontramos en la sede de la Asociación AMEIB Pachamama -Asociación de Mujeres Empresarias Iberoamericanas, para compartir esta iniciativa que nace con la intención de promover redes de autoapoyo y aprendizaje compartido entre mujeres con interés en afianzar estrategias de liderazgo en “clave de Mujer”.

¿Qué haremos?

Analizaremos entre otras temáticas:

  • Las barreras de género externas y subjetivas a superar.
  • La trampa de la multitarea, la hiperexigencia y el perfeccionismo agotador.
  • Clarificar lo que tiene que ver con la gestión del tiempo y lo que es consecuencia de exceso de responsabilidades asumidas y/o delegadas.
  • Las creencias erróneas que llevan a situaciones de bloqueo o malestar emocional.
  • Las negociaciones con una misma como previo para negociar con otros/as.
  • Diferenciar los problemas de lo “problemático”.

 

¡Este primer encuentro es gratuito y el grupo  será reducido a un máximo de 10 participantes!

 


Si estás interesada en participar, puedes contactar conmigo –Carmen Barquín– en el correo electrónico: enpiezascoaching@gmail.com
Día y horario:jueves 7 de julio de 18:00h a 20:00h

Lugar: C/ San Juan de la Salle nº 3, bajo, oficina. (28036 -Madrid)

Metro: Santiago Bernabéu.

 

 

 

 

 

 

 

CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA III.

Minientrada


CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA III.

Esta semana vamos a continuar analizando otros derechos básicos para el empoderamiento personal. Como siempre, iré planteando algunas reflexiones para vuestro trabajo personal y, si os parece necesario, podéis pararos a repensar sobre ello.

Os dejo un enlace a anteriores post sobre este tema CLAVES PARA EMPODERAR TU VIDA II.

Hoy analizaremos otros dos “derechos básicos”:

  • A equivocarse, cambiar de opinión o de forma de hacer las cosas.
  • A ser humana y no perfecta.

EMPDERAMIENTO

Equivocarnos o cambiar de opinión, de forma de hacer las cosas.

Cambiar de opinión es síntoma de reflexión, flexibilidad y apertura. Otra cosa es vacilar de continuo para tomar decisiones o ir haciendo las cosas a golpe de impulso, –en este caso deberemos tomar conciencia de nuestra autogestión emocional-.

Equivocarse forma parte de la vida, si no arriesgamos no avanzamos y, en el proceso, además, aprendemos.

Cuando cometemos errores, más que dejarnos arrastrar por la culpa o hacernos “pequeñitas” ante las recriminaciones propias y ajenas, resulta más efectivo y saludable, pararnos a comprender las motivaciones que nos llevaron a ese error. Sólo así podremos entender qué guió nuestra decisión y  evitar repetir lo mismo en el presente o futuro.

La rigidez, por otro lado, no es garantía de seguridad o firmeza. En ocasiones, se confunden estas actitudes y podemos caer en otro error que conlleva consecuencias  negativas: el enrocamiento. “Yo soy así, y no voy a cambiar ahora…”

Algunas reflexiones que conviene hacer: ¿Te consideras una persona flexible? ¿Te replanteas tus decisiones si los resultados no son los esperados? ¿Te resulta fácil aceptar otros puntos de vista distintos a los tuyos? ¿Justificas tus cambios de opinión o los argumentas? ¿Analizas tus errores  para tratar de entender qué debes modificar?

Algunas pautas para avanzar:

  • Compara tu autoevaluación con las opiniones de terceras personas que te generen confiabilidad en sus juicios. ¿Cómo valoran tus cambios de decisión?
  • Comparte tus temores –no los guardes internamente, se magnifican- ; eso sí, eligiendo bien a las personas fiables y confiables.

tus planes

Tenemos el derecho de cambiar de opinión en un momento determinado porque estamos vivas, no porque seamos indecisas o inseguras. Si la vida es dinámica y los y las humanas estamos en continuo proceso de transformación y cambio: ¿No es lógico que nos planteemos cambios en el afuera en coherencia con nuestros cambios internos? ¿No es entendible que cambiemos de opinión y/o criterio tras un proceso de crecimiento o transformación personal? ¿Quién puede aseverar que eso es malo?

Ser humana, no perfecta.

La autoconfianza es el primer paso, el segundo es la aceptación. La perfección además de imposible, conlleva mucha frustración.

Las mujeres vivimos con muchas presiones que están íntimamente relacionadas con un sistema sexista que impone modos y modelos a seguir y, también, “castigos” para quienes se salen de la norma establecida.

Por ejemplo, a las mujeres se nos mira con “lupa” o nos descalifican con encono a la hora de desempeñar funciones de liderazgo en el ámbito público –político, organizacional-.

Aún se tiende a juzgar la capacitación de las mujeres en base a lo esperado desde un modelo androcéntrico de entender el poder, el prestigio y la competencia. Uno ejemplo representativo son los comentarios que recientemente expresó Félix de Azúa en relación a la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. http://elpais.com/tag/felix_de_azua/a/. Este académico y escritor ¿aceptaría que alguna mujer calificase su obra utilizando adjetivos despectivos en relación a su persona? ¿Qué pasaría?

Podría estar o no de acuerdo con la gestión de la Señora Colau, pero el tipo de críticas que vertió hacia ella, rezuman machismo por doquier… ¿Resulta justo y equitativo ser tratadas y juzgadas de forma despreciativa por ser mujeres en puestos de poder y no en relación  a los resultados concretos de nuestro trabajo? ¿Suelen utilizar estos calificativos relacionados con el hecho de ser “hombres” cuando se juzga la competencia o incompetencia de los hombres profesionales? ¿Resulta entendible entonces, que nos acucie más el sentimiento de inseguridad a nosotras?

Por otro lado, las mujeres también nos vemos “expuestas” al juicio social –y del entorno próximo-, cuando no respondemos al modelo de “ser mujer” prefijado desde los roles y estereotipos de género. Muchas clientes me expresan su conflicto sentido al entrar en “colisión” su desarrollo de carrera profesional y el sentimiento de culpa al pensar que “abandonan” otras responsabilidades hacia el entorno familiar y/o afectivo. Tratar de compensar lo “incompensable” a costa de un sobreesfuerzo personal, además de imposible e inhumano, es una estrategia que sólo conllevará pérdidas.

Los mandatos de género se interiorizan con eficacia y marcan la pauta tiránica para intentar dar respuesta “a todo” de manera “excepcional”: hay que ser profesional exitosa, madre ejemplar, compañera afectiva sostenedora, hija incondicional…

Si las jornadas laborales están pensadas desde un modelo de cultura organizacional que prima la presencia sobre la efectividad, no se resolverá este desajuste desde la compensación personal de las mujeres, sino desde una nueva reorganización de los tiempos de trabajo que haga compatible la actividad laboral con la vida.

Si la responsabilidad sobre el cuidado de la vida, sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, no habrá tiempo ni forma posible de dar respuesta a todo.

imagesCAXQ2KE6

La sobreexigencia genera agotamiento y el sobreesfuerzo de intentar poder con todo, conlleva riesgos importantes para la salud y es una de las casusas directas que generan ansiedad y estrés. Tenemos energías limitadas, de ahí que conviene establecer un orden de prioridades en base a la importancia que para cada quien tengan los distintos objetivos profesionales, familiares y personales. Organizarse y priorizar sí, pero confundir la capacidad con la sobreexigencia, no es el camino acertado.

Alguna pauta para calmar a la sobreexigencia:

Más que juzgar, obsérvate. Valora tus cualidades y no dejes que la balanza se incline hacia lo que menos te gusta de ti.

¿Tiendes a caer en la inercia de pensar que tienes que poder con todo? ¿Vives con una jueza interna que te dice de continuo todo lo que deberías hacer y no estás haciendo? ¿Para quién haces lo que haces? ¿Para qué haces lo que haces? ¿Qué crees que pasaría si no llegas a todo?  ¿Qué sería para ti la perfección? ¿Habitualmente haces las cosas desde el querer o desde el deber? ¿Disfrutas con tus logros o tiendes a quedarte rumiando la carencia?

Podemos caer en sentimientos de malestar y angustia por la sensación continua de “tener que hacer” sin poder pararnos a analizar:

  • ¿Qué hay que hacer?
  • ¿Depende todo de mí?
  • ¿Por qué lo debo hacer?
  • ¿Para qué lo debo hacer?
  • ¿Para quién lo debo hacer?
  • ¿Cómo lo debería hacer…?¿ Bien o perfecto?
  • ¿Cuánto debería hacer?
  • ¿De qué tiempo real dispongo?

A partir de estas preguntas, busca la manera de organizar en mayor equilibrio: la responsabilidad, el tiempo real disponible, el nivel de perfección necesario, tu tiempo de disfrute, lo importante o lo prescindible, lo que esperan de ti y lo que tú esperas.

Y también, pregúntate si lo que haces o piensas que debes hacer, responde al deber o al querer. La motivación es totalmente distinta dependiendo de un lugar u otro…

Que tengáis una semana grata, encontrando momentos para disfrutar de la vida sin que la vida se os pase por delante sin sentirla.

Carmen Barquín